Publicado en Extractos

Para no olvidar.

«Lo ofensivo de la oración es que no está esencialmente unida a la habilidad mental. Uno no necesita ser espiritual para predicar, esto es, para preparar y dar sermones con perfección homilética y exactitud exegética. Con una combinación de memoria, conocimiento, ambición, personalidad, más una biblioteca bien surtida, confianza en sí mismo y una sensación de autosuficiencia, hermano, hoy el púlpito es tuyo casi en cualquier lugar. La clase de prédica antes mencionada afecta a los hombres; la oración afecta a Dios. La predicación afecta lo temporal; la oración afecta la eternidad. El púlpito puede ser un escaparate para exhibir nuestros talentos; LA ORACIÓN MATA EL EXHIBICIONISMO.»

—Leonard Ravenhill (Libro: ¿Por qué no llega el avivamiento?)

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Mi dirección en el 2017.

Qué bueno es empezar un nuevo año con la dirección de Dios. En este 2017, mi amado esposo y yo nos convertiremos en padres por primera vez, algo que, sin duda, cambiará por completo nuestras vidas (¡y ese cambio ya ha empezado en nuestro interior!).
El año pasado, aprendí muchas cosas. Y hoy, aprendo una más: el verdadero cristianismo no pasa por un título o una posición, sino por el estado de nuestro corazón. Si nuestro corazón no se parece al de Jesús, en vano es todo lo que hagamos, obtengamos o pretendamos ser. Por eso Jesús dijo “aprended de mí, que soy manso y humilde DE CORAZÓN, y hallaréis descanso para vuestras almas…”
Las personas egoístas y orgullosas están llenas de sí mismas, y no tienen paz. Los que deciden amar, sufren, también, pero la paz de Dios está sobre ellos. Yo, este año, decido amar, y no sólo a los que me aman (¿qué mérito hay allí…?), sino, sobretodo, a aquellos que me muestran indiferencia, me rechazan o son injustos conmigo. Prefiero ser una eterna aprendiz, a creerme sabia, y luego distar mucho de parecerme a Jesús.
Sí, he aprendido que un título o una posición no dan humildad a nadie; que para eso hay que morir a nuestro malvado ego cada día. Y sí, también he aprendido que hay personas que están bien contigo mientras tú haces o piensas lo que ellos quieren o esperan, y esa, señores, no es una relación saludable, sino tóxica. Dios me libre de esas relaciones este año. La madurez sólo es fruto de la humildad, de un corazón rendido a Dios totalmente. No de tener un título, posición, reputación o una credencial a cuestas. “Mas, entre vosotros no será así…”, dijo Jesús.
Me espera un largo y arduo camino, pero estoy en la dirección correcta.

—Amira Akhtar.

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La comunión auténtica.

 

La comunión auténtica no es superficial. Consiste en la expresión genuina, de corazón a corazón, desde lo más íntimo de nuestro ser. El verdadero compañerismo ocurre cuando la gente es honesta con lo que es y con lo que sucede en su vida:comparte sus penas, revela sus sentimientos, confiesa sus fracasos, manifiesta sus dudas, reconoce sus temores, admite sus debilidades y pide la ayuda y oración de los demás.
La autenticidad es exactamente lo contrario de lo que encuentras en algunos lugares. En éstos, en vez de una atmósfera de sinceridad y humildad, hay fingimiento, roles, politiquería, cordialidad superficial y conversación trivial. La gente se pone máscaras, está a la defensiva y se conduce como si su vida fuera un lecho de rosas. Estas actitudes matan la verdadera comunión.
Por supuesto, la autenticidad exige valor y humildad. Implica enfrentar nuestro temor a la exposición, al rechazo y a ser heridos nuevamente. ¿Por qué habríamos de correr ese riesgo? Porque es la única manera de crecer espiritualmente y conservar nuestra salud emocional.
Sólo podemos crecer si nos arriesgamos, y no hay riesgo mayor que ser sinceros con nosotros mismos y con otros.
[Extracto del libro: “Una vida con propósito”, R.Warren]

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