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#7 A los que buscan. A los hambrientos. A los que están muriendo.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


A ti, que estás buscando a Dios con todo tu corazón. Que piensas que mientras más te acercas, Él parece alejarse. No. Él no está lejos. Él está más cerca de lo que podrás imaginar. A ti, que clamas de rodillas por tu casa, esperando la lluvia del cielo sobre el terreno árido de los corazones, no desmayes. No te rindas. La victoria se está gestando. Dios está de tu parte. A ti, que llamas a las puertas del cielo una y otra vez. A ti, que intentas levantarte en las madrugadas, y el sueño te vence. Inténtalo esta madrugada otra vez… A ti, que eres madre y esposa, y piensas ¿de dónde sacaré el tiempo para buscarle…? No desistas. ¡Siempre hay un momento donde puedes encontrarte con tu amado! A ti, que eres el sacerdote de tu hogar, y que buscas día y noche el sustento de tu casa, Dios conoce tu corazón. Y ha escuchado tu súplica. Si trabajas para Él, recuerda, que Él es buen pagador. A ti, que sigues hambriento de más de su presencia, no te sacies con las migajas, porque Dios tiene una casa llena de pan para ti. A ti, que estás muriendo a ti mismo, y que parece que nunca es suficiente. Es cierto. Nunca estaremos demasiado muertos. Tendremos que morir a algo “cada día”. Y mientras más mueras, más te parecerás a Él. Mientras más te vacíes de ti mismo, más te llenarás de Él. A ti, que anhelas los tiempos de Pentecostés. Que quieres formar parte de esa ola de fuego que Dios prometió para esta época. A ti, que crees en los milagros. Que notas cómo arde tu corazón cuando sabes que Jesús te llamó para sanar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos, echar fuera demonios… ¡no dejes que ese anhelo perezca! Ora por el próximo enfermo que veas. Reprende a los espíritus inmundos. El poder que opera en ti es mayor. Sólo cree. A ti, que amas Su palabra, y te deleitas en ella día y noche. Busca su revelación y aplícala a tu vida. Compártela. Permanece en Él y en su palabra; sólo así llevarás fruto abundante al Padre. A ti, que anhelas más de Dios. A los que se han vuelto como niños para acceder a lo incomparable de su Reino. A los que han rechazado ser “sabios” para reconocer que necesitan empezar de cero, a fin de conocer realmente a Dios. A los que buscan. A los hambrientos. A los que están muriendo. No desfallezcas… ¡no ahora! ¡No cuando has llegado hasta aquí! Créeme, aún no hemos visto “nada”… Lo que nos depara es aún mayor. Sus profundidades son inescrutables. No te quedes a mitad de camino. No pienses que “ya está”. No. No. No. Hay más, hay mucho, mucho más… Y lo más glorioso es que Dios nos lo quiere dar. Por favor, no te rindas. Tampoco dejes que yo me rinda. Sigamos buscando. Sigamos más profundo. No somos sólo “unos cuántos”. ¡Es un ejército lo que Dios está levantando! Y todo (bueno o malo) forma parte de nuestra preparación. Todo es útil para nuestro entrenamiento. Vamos, sigamos… ¡Hasta que llegue el AVIVAMIENTO!

Lihem Ben Sayel.


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No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

 

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#6 DIOS NOS LLAMA A LA INSISTENCIA

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Estamos llegando al final de esta serie. Y, como muchas veces ocurre, lo complicado no suele ser comenzar algo, sino mantenernos en ello.

Una amiga mía me dijo la semana pasada que Dios es quien nos visita, pero somos nosotros quienes debemos habitar en su presencia. ¡Nunca al revés! Guardaré esta verdad para siempre en mi corazón.

Bien. Hay un llamamiento. Y, cómo no, el excelso y supremo liderazgo de Dios nos ofrece también un premio. Y créanme, no es cualquier premio. No se obtiene mediante obras, ni por nuestros logros ministeriales (por lo muy visibles que seamos, o talentos, o dones, etc…). No. Este premio sólo se obtiene mediante la fe apasionada, el quebrantamiento continuo, un espíritu contrito y humillado. Y la insistencia.

Dios nos llama a la insistencia. Lo vemos por todas partes en las Escrituras.

Por ejemplo, en la parábola de la viuda y del juez injusto en Lucas 8:1 :

Cierto día, Jesús les contó una historia a sus discípulos para mostrarles que siempre debían orar y nunca darse por vencidos. (NTV)
Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. (NVI)
¡Atención aquí! Jesús relacionó el “orar siempre” con nuestro estado de ánimo. Una de las cosas que más nos estorban de mantenernos habitando en la presencia de Dios, son nuestras emociones. Si estamos tristes, o desanimados porque no vemos lo que queremos, solemos tirar la toalla y dejar de orar… (Recuerda que cuando me refiero a “orar”, no sólo me refiero a realizar peticiones específicas; de hecho, eso es lo último en la lista. Me refiero al simple hecho de “estar con Jesús”, de buscarle, de adorarle, de estar hambrientos de su presencia, de querer conocerle, etc…)

También lo vemos en Gálatas 6:9 :
Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. (NTV)
Normalmente relacionamos este versículo con buenas obras, servicio, etc… Y está bien. Pero no creo que podemos limitar la palabra de Dios sólo a lo que nos parece. ¿Qué bien más glorioso existe que anhelar con fervor estar en su presencia, con el ánimo de conocerle más, impregnarnos de Él, para ser más como Él? No podemos impactar a nadie si no somos más como Jesús. Y para ser como Él, debemos estar con Él e impregnarnos de su presencia.

La Real Academia Española define “permanecer” de esta manera:

1. intr. Mantenerse sin mutación en un mismo lugar, estado o calidad.

  • En un mismo lugar: en su presencia.
  • En un mismo estado: buscando, buscando, buscando.
  • En una misma calidad: con TODO nuestro corazón.

Sin motivo de discusión, Dios quiere que permanezcamos con Él y en Él. No tengamos duda alguna de que, si permanecemos, si habitamos, si nos quedamos, Él nos visitará, y le podremos conocer más profunda e íntimamente. ¡No desmayemos! ¡No nos cansemos de buscar! ¡No dejemos de tocar (e incluso aporrear) las puertas del cielo con insistencia! Porque el que pide, recibe. El que busca, halla. Al que llama, se le abrirá. (Mateo 7:8)

Filipenses 3:12… No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí.

Jesús nos alcanzó para que tuviésemos libre acceso a su presencia. El pecado nos había apartado. Habíamos sido destituidos de su gloria. Pero Él nos restituyó a ella con su muerte, rasgando el velo que nos separaba del Padre.

Filipenses 3:14… sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. (NVI)

Sigamos avanzando en nuestra búsqueda de Dios, sin desmayar, sin desanimarnos, sin darnos por vencidos. Porque, finalmente, obtendremos ese galardón: volver a los tiempos de Adán…

Oremos: “Señor, heme aquí. Anhelo volver a los tiempos de Adán. Caminar contigo. Conocerte más. Rindo mis emociones a ti, para que nada me impida seguir buscándote con la insistencia que Tú mereces.”

Canción:

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amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

 

—Lihem Ben Sayel.

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#5 El incomparable valor de conocer a Cristo.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Este ya es el tercer intento para publicar este post. Tenía muchas ideas ya escritas, pero en mi interior no estaba tranquila publicándolas. Para ser honestos, siento que debe ser corto.

Sólo he sido dirigida a que nos hagamos esta pregunta:

¿QUÉ NOS ESTORBA DE BUSCAR MÁS A DIOS? (¿el cansancio, el trabajo, la pereza, el conformismo, la indiferencia, el pecado…?)

Y talvez, hay espacio para otras dos, y te aseguro que te confrontarán:

¿ES, REALMENTE, DIOS LO PRIMERO EN NUESTRA VIDA? (Si la respuesta es “sí”, ¿por qué en el día a día no le ofrecemos “ese” tiempo primero y mejor? ¿Porque anteponemos todo, aún el servicio, a nuestra búsqueda de Dios?

¿REALMENTE AMAMOS A DIOS? (¿No se supone que ansiamos desesperadamente “conocer”  a quien amamos?

Durante demasiado tiempo, nos hemos acostumbrado a sentirnos “satisfechos” con las migajas… ¿Vivimos un cristianismo de “migajas” cuando Jesús dijo que el pan era para nosotros, los hijos?

Le buscamos cuando tenemos problemas. [Migajas]. Le buscamos antes de predicar. [Migajas]. Le buscamos porque queremos que manifieste sus prodigios en algún asunto concreto. [Migajas]. Porque queremos sanidad, liberación, provisión. [Migajas] ¡Ya todo eso ya ha sido consumado!

Sé que hay gente tan desesperada como yo de conocer más a Dios. De ir más profundo en esta hermosa relación. Les dejo con dos cosas: varias versiones de Filipenses 3:8 y capturas de pantalla de una conversación que sostuve hace dos semanas. Por favor, tómate el tiempo para meditar en esto. Algo glorioso está pasando. Dios nos está atrayendo con sus cuerdas de amor. Dejémonos atraer.


Filipenses 3:8

Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
Aún más, a nada le concedo valor si lo comparo con el bien supremo de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por causa de Cristo lo he perdido todo, y todo lo considero basura a cambio de ganarlo a él
Y ciertamente, aun aprecio todas las cosas como pérdida por el eminente conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, para ganar a Cristo,
Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo
Y aún más, yo estimo como pérdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por El lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo,
Así es, todo lo demás no vale nada cuando se le compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura a fin de ganar a Cristo
Es más, todo lo considero pérdida por razón del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por él lo he perdido todo, y lo tengo por estiércol, a fin de ganar a Cristo
Todo eso lo he dejado a un lado, y lo considero basura, con tal de llegar a conocer bien a Cristo, pues no hay mejor conocimiento. Y quiero que Dios me acepte, no por haber obedecido la ley, sino por confiar en Cristo, pues así es como Dios quiere aceptarnos.

Después de leer y releer este versículo, poderosa declaración de Pablo, ¿qué es lo que tienes que echar a la basura? Recuerda que nada tiene valor, si lo pones al lado del INCOMPARABLE VALOR DE CONOCER A CRISTO… Yo eché a la basura la literatura, algo a lo que daba gran lugar en mi vida y mi corazón (y que me ocupaba mucho tiempo), y también deseché horas de sueño y tiempo de ocio.

¡NO NOS CONFORMEMOS CON LAS MIGAJAS! ¡DIOS QUIERE DARNOS TODO, ABSOLUTAMENTE TODO DE ÉL! ¡TOMEMOS EL TIEMPO NECESARIO PARA CONOCERLO MÁS Y MEJOR!


Ahora les dejo con esta conversación que sostuve con un amigo, y gran hombre de Dios:
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Dios te bendiga.

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#4 ¿Qué tan importante es nuestro tiempo a solas con Dios?


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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


¡Hola amigos y amigas buscadores de Dios! En esta ocasión, he querido ofrecerles pequeñas porciones de apasionantes y revolucionarios libros de tremendos hombres de oración, que he leído en este tiempo, y que me incendiaron por dentro. Como consejo, les diré que es mejor que lean este post poco a poco, en un momento de quietud, meditando en cada cita que les dejo aquí. Estoy completamente segura de que, después de haber leído este post, harás algo para incrementar o instaurar por fin un tiempo devocional DIARIO con Dios. 


“Algunas personas dicen: yo nunca obtengo nada [cuando estoy en la presencia de Dios]. Lo sé. Usted nunca permanece lo suficiente en la presencia de Dios para recibir nada. Para cuando algo llega, usted ya se ha ido.”
-K. Hagin


He estado últimamente meditando en cierto asunto. Tantos congresos, actividades, eventos… ¡La iglesia de hoy no para! Mi pregunta es, en proporción, ¿cuánto de nuestro tiempo invertimos en únicamente “estar con Jesús”? ¿Pasamos más tiempo “sirviendo” a Dios que “estando con Él? Entonces, es ahí donde radica el problema. Las actividades no traen transformación: lo hace un estilo de vida donde “buscar Su rostro” es la prioridad. Tal vez, si esa fuera DE VERDAD nuestra prioridad, el avivamiento YA estuviera entre nosotros.
-Anónimo.


“Los hombres [y mujeres] de oración deben ser de acero, pues serán atacados por Satanás aun antes de que empiecen a atacar su reino. La oración que consiste meramente en presentar una lista de necesidades al Creador del universo, es sólo el lado más pequeño de esta verdad multifacética. La oración no sustituye el obrar; pero igualmente cierto es que el obrar no puede sustituir la oración.” (-L. Ravenhill)


“Desde el día de Pentecostés no ha habido un gran avivamiento espiritual en ningún país, que no se haya iniciado en una reunión de oración, aunque fuera solamente de dos o tres. Ni el avivamiento ha continuado después que las reuniones de oración declinaron.”
–Dr. A. T. Pierson


La intimidad con Dios no se forja con llamadas cortas, pues Él no concede sus dones a los que van y vienen con prisas. El secreto de conocer a Dios y de tener influencia en Él es estar mucho tiempo solos con Él, que cede ante la insistencia de una fe que le conoce.
–E. M. Bounds (Un tesoro de oración)

El ejemplo de Jesús en la oración y la comunión con Dios. Buscaba al Padre antes de ministrar, y también después. Era su prioridad, y eso marcó la diferencia entre su ministerio de poder, y -por ejemplo- el ministerio hueco y vacío de los religiosos de la época, que sólo hablaban, pero no practicaban la verdadera comunión con Dios.

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¿Es posible tener afinidad con Jesucristo sin estar en constante oración? ¿No son coordenadas y coherentes la vida del Espíritu y la vida de oración? ¿Puede haber amor fraternal en un corazón que no ha sido enseñado en la oración?
–E. M. Bounds (Un tesoro de oración)


La oración eleva al hombre sobre lo terrenal y lo vincula con lo celestial. Los hombres no pueden estar nunca más cerca del cielo, más cerca de Dios, ni ser más semejantes a Dios, en comunión más profunda y real con Jesucristo, que cuando están orando. El amor […] nace y se perfecciona a través de la oración.
–E. M. Bounds (Un tesoro de oración)


Nunca conoceremos a Dios en la forma que tenemos el privilegio de llegar a conocerle, mediante intercesiones breves, fragmentarias, irreflexivas y repetitivas, que no son otra cosa que requerimientos personales.
–E. M. Bounds (Un tesoro de oración)

La intimidad es algo que requiere un esfuerzo. La oración continua no es un incidente, sino algo primordial. No es un acto único, sino una pasión; no es un antojo, sino una necesidad.
–E. M. Bounds


Jesucristo fue siempre un hombre ocupado, pero nunca demasiado ocupado para orar. La obra más divina llenaba su corazón y llenaba sus manos, consumía su tiempo, pero en Él, ni siquiera la obra de Dios podía ocupar el lugar de la oración.
–E. M. Bounds (Un tesoro de oración)


Oración, mucha oración, es el precio de la predicación ungida. Sin oración constante, la unción nunca llega al predicador. Sin la oración perseverante, la unción, igual que el maná que se pretendía guardar, cría gusanos.
—E. M. Bounds.

«La estima y el lugar que se le dé a la oración, es la estima y el lugar que se da a Dios. Todo lo que afecta la intensidad de nuestra oración, afecta el valor de nuestro trabajo.»
—E. M. Bounds


«Cosas buenas en sí mismas pueden volverse malas cuando se les permite instalarse desmedidamente en nuestro corazón. Debemos cuidarnos de cosas que son buenas y correctas, pero a las que les permitimos que desplacen a la oración, y cierren la puerta de la recámara, a menudo encubriendo la conciencia con un “estoy demasiado ocupado para orar”.»
—E. M. Bounds

“El corazón hambriento es lo que finalmente penetrará el velo y se encontrará con Dios, pero esto sucederá durante los recesos solitarios del corazón, lejos de las cosas del mundo natural. Aquí es donde Dios nos encontrará, separados de la irritante muchedumbre.”
—A. W. Tozer (Intenso)


Entre tanto, el fuego del altar debe mantenerse ardiendo; nunca deberá apagarse. Cada mañana el sacerdote le echará leña nueva al fuego. Luego acomodará la ofrenda quemada sobre él, y también quemará la grasa de las ofrendas de paz. (Levítico 6:12)


No olvides darme tu opinión, así intercambiaremos impresiones y experiencias. Puedes escribirme también , si lo deseas, a mi email:

amira.lihembensayel@gmail.com

(Perdónenme que no conteste rápido,  con el bebé es un poco complicado. Pero siempre leo vuestros comentarios, que me edifican enormemente.)

Dios te bendiga.

 

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#3 El Padre busca, y sigue buscando.

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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


El cielo está inquieto. Los ángeles y querubines apuran su vuelo de un lado a otro. Se escuchan murmullos casi inaudibles. Miguel mira a Gabriel, y le pregunta: ¿está ocurriendo otra vez? Gabriel afirma, asintiendo con su cabeza: el Padre se ha levantado de su trono para mirar abajo, a la tierra. El Padre busca. Busca. Sigue buscando…

Busca un corazón encendido. Un corazón que no se sacie de su presencia. Busca a alguien que pueda venir corriendo a su trono, a derramar su corazón en alabanza y adoración. Busca a aquellos que acepten su llamado sin reservas. El Padre busca. Sigue buscando…

Busca a los hambrientos de su palabra. A aquellos que se alimentan con los dichos de su boca. El Padre busca a aquellos que le preguntan, al levantarse, antes de poner sus pies sobre el suelo: ¿qué puedo hacer por ti hoy, Padre? ¿Qué quieres de mí hoy? ¿Cómo te puedo agradar? ¿Cómo he de satisfacerte?

El Padre busca, busca. Sigue buscando… Busca a los sedientos. A los que sólo desean permanecer sumergidos en las profundidades de las corrientes de su espíritu. Sin mirar el tiempo. Sin reloj. Busca y anhela con celosía a alguien que le diga “heme aquí”, y no sólo le pida. Busca a alguien desesperado por ver su rostro.

Y sigue buscando… Busca corazones ardientes, que vayan corriendo a su presencia, no por obligación, sino por PASIÓN. Busca vasos de barro a los que pueda moldear. Busca siervos y siervas humildes, que hagan del quebrantamiento su más grande hábito. Busca las lágrimas sinceras de un adorador que no puede contener el peso de su gloria sobre su espalda.

El Padre busca. Y sigue buscando. Busca a alguien que aún hoy, es capaz de ponerse sobre sus rodillas cuando entra el Rey de Gloria, y que no se avergüence. Busca entre su pueblo, busca en la tierra, a alguno con el corazón de Moisés, que se postraba rostro en tierra exaltando hasta lo sumo a Aquel en cuya presencia estaba.

Busca, busca… El Padre busca y sigue buscando. A aquellos con la fe de Elías y Eliseo, que creen que su oración abrirá los cielos cerrados, y hará descender lluvia y fuego. El Padre busca a aquellos como María de Betania, que derramó hasta la última gota de su perfume en adoración, de su vida, no dejándose nada. Busca a aquellos como David, conforme al corazón de Dios, que le adoraba como estilo de vida, no importándole nada. Ni aún su reputación.

El Padre busca, y sigue buscando… a aquellos que no se conforman con lo que ya han vivido o experimentado. Busca a los insaciables de su presencia, a los devoradores de su palabra, a los desesperados por su gloria, a los apasionados por escuchar su voz, a los que aman al prójimo porque saben que así se parecen más a su Maestro, a los que se despojan de su vanidad y de su gloria pasajera, para revestirse del carácter santo de Cristo, a los que perdonan, porque también han sido perdonados.

Busca, busca, sigue buscando… A aquellos que no se conforman con llegar hasta los atrios: ellos quieren ir detrás del velo. Busca a aquellos que aborrecen el pecado, porque saben que los separa de su dulce presencia.

El Padre busca, busca… y sigue buscando.

¿Encontrará en ti ese corazón apasionado…?

Oremos juntos:

Señor, heme aquí. Quiero que mi vida sea adoración para ti. No me saciaré. Jamás me conformaré…

Versículo para reflexionar:

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Canción:

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# 2 ¡CORRE, CORRE AL LUGAR SECRETO!


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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Imagina por un momento a un hombre tan, pero tan enamorado y apasionado por su amada, que el sólo hecho de estar por fuera de su casa, le llena de un increíble gozo. Imagina que merodea por las afueras, soñando despierto, suspirando, por el mero hecho de saber que ella habita allí. Imagina su corazón latiendo a velocidades vertiginosas, porque escucha de lejos su voz. E imagina aún el éxtasis y la inmensa alegría que este enamorado experimentaría al saber que ella, al saber que él espera fuera, corre hacia la puerta para abrirle, y le invita a pasar con gran animosidad.

Esto es muy parecido a lo que David refleja en el Salmo 84:2 (NTV), cuando afirma: Anhelo y hasta desfallezco de deseo por entrar en los atrios del SeñorCon todo mi ser, mi cuerpo y mi alma, gritaré con alegría al Dios viviente.”

¡Con qué ferviente e intenso deseo suspiraba David por su Amado Señor! No hay duda de que estaba locamente enamorado. Y si tú sabes de lo que hablo, seguramente podrás comprender al rey David. Pero en la vida cristiana, en algún momento entre el primer amor y las tantas actividades y faenas cotidianas, ese “deseo ferviente y apasionado” se va apagando, como una llama que ha consumido ya casi toda la leña.

¿Es esto lo que te ocurre a ti? ¿Ya no sientes ese fervor de simplemente “estar” en la presencia de Dios, aún durante horas, deseando que el tiempo se detuviese? ¿Haces muchas cosas en la iglesia pero apenas te tomas tiempo para “estar con Jesús”? Definitivamente, el tema de la “intimidad constante” con Dios, es uno de los temas más abordados, y una de las mayores frustraciones del cuerpo de Cristo.

“No tengo tiempo para orar”, “me aburro orando”, “no sé por qué orar”, “cuando tengo tiempo, en verdad no me apetece”, “siento que Dios no me oye”. Yo he experimentado cada una de estas sensaciones. Me he determinado grandes metas que han empezado bien, pero han terminado en el mismo lugar, con la comunión seca y apurada, como quien se toma el café y el desayuno corriendo antes de salir al trabajo: sabes que lo necesitas, pero no tienes tiempo para disfrutarlo.

Y quizás uno de los principales problemas es que asociamos la palabra “oración” a algo impuesto, a una obligación, más que a algo delicioso. Y normalmente el ser humano reacciona de forma negativa a aquello que le es impuesto.

Pero hay una buena noticia…

¡Jesús nos llamó para “estar con Él”! (Marcos 3:14). Y dentro del tiempo que “estés con Él”, ocurrirán muchas cosas: le adorarás, te quebrantarás, le presentarás peticiones, escucharás su voz, guardarás silencio, intercederás por tu familia, le harás preguntas, etc… Así que no te agobies creyendo que tu intimidad con Dios sólo consiste en hablar sin parar, reprender al diablo y decirle a Dios cómo quieres que obre en tu vida… ¡No hay forma de poder disfrutar de una relación que es sólo un monólogo!

No importa lo que haya pasado antes de que leyeras esto, ¡ahora mismo es una nueva oportunidad de comenzar a reavivar el fuego de tu comunión con Dios! ¿Sabes que las probabilidades de que tú y yo conozcamos a un verdadero miembro de la realeza son verdaderamente ínfimas? Sin embargo, el Rey de reyes, el creador del universo, el todopoderoso Dios, nos invita a que nos acerquemos “con toda confianza al trono de la gracia de nuestro Dios. Allí recibiremos su misericordia y encontraremos la gracia que nos ayudará cuando más la necesitemos.” (Hebreos 4:16, NTV)

El Rey David, en el antiguo testamento, a penas podía soñar con habitar permanentemente en la presencia de Dios. Pero nosotros tenemos libre acceso a su presencia (sí, aún mientras te duchas; sí, aún mientras friegas los platos; sí, aún mientras conduces o acuestas a tu bebé…).

No tengo duda de que hay muchas cosas que Dios quiere hablar a tu corazón, él quiere ministrarte y sanarte, mostrarte sus planes e incluso corregirte con amor. ¡Todo eso ocurre en Su presencia! Así que, determínate hoy a reavivar esa llama de pasión por Dios, vuelve y retoma donde lo habías dejado, ya sabes… “confiadamente”. Porque nuestro padre amoroso siempre nos estará esperando con los brazos abiertos y con una sonrisa en el rostro..

Oremos juntos:

Señor, sé que he estado lejos del lugar secreto, o talvez he perdido el interés de “pasar tiempo” contigo. Espíritu Santo, ayúdame a avivar la llama de mi ferviente pasión por Dios. ¡Quiero habitar permanentemente en tu presencia!

Canciones:

(Este video trata del deseo de correr al trono de Dios, al lugar secreto…)

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Dios te bendiga.

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#1 ¿Te conozco, Espíritu Santo?


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[…y al encontrar una perla de gran valor, fue y vendió todo lo que tenía y la compró.]


Bien, al principio de esta aventura de “The deep seeking” (La búsqueda profunda), te dije que éste sería un viaje hacia las profundidades de Dios. Y tú aceptaste acompañarme en este viaje… ¡No estaba bromeando! Así que ahora te haré partícipe de una de mis más profundas inquietudes en mi vida cristiana, y también una de mis pasiones más grandes: El Espíritu Santo. Lo que leerás a continuación, no es un devocional, sino mi corazón abierto. ¿Estás preparado? Pues vamos…

Si pudieses estar escuchando detrás de la puerta cuando me encierro a orar, posiblemente escucharías esto: “¿Realmente te conozco, Espíritu Santo? ¡Quiero conocerte más!”. Y sí, puedo imaginarme que tú también has orado esto alguna vez. Yo llevo orando esto toda mi vida, y estoy convencida de que no dejaré de orarlo.

Con 17 años, tomé por primera vez en mis manos el libro “Buenos días, Espíritu Santo” (B. Hinn). Wow. ¡Cómo me cautivó! Recuerdo haber llegado a la parte en la cual Benny Hinn hablaba de Kathryn Kuhlman, y en mi corazón pensé: “quiero ser como ella, quiero conocer al Espíritu Santo de esa manera…”. Como anécdota, te cuento que incluso oraba por ella todos los días… hasta que descubrí que ya estaba muerta.

¿Conoces al Espíritu Santo? ¿Forma parte activa de tu vida? ¿Eres sensible a su voz? Espera, espera… ¿has respondido a todo afirmativamente? ¡Muy bien! ¡Realmente me alegro por ti! Yo estoy convencida, de hecho, plenamente convencida, de que no lo conozco lo suficiente. En cierta ocasión, pretendí hacer como si lo conociera, pero mi vida seguía experimentando esa gran interrogante: ¿realmente te conozco, Espíritu Santo?”.

Como buena pentecostal que soy, sé acerca del Espíritu Santo. Sé bastante acerca de su teología. He predicado acerca del Espíritu Santo. Y sí, ¡también he visto su poder manifestarse tanto en mi vida, como en otros! Pero sigo teniendo esa misma sensación…

Y si te soy sincera (al fin y al cabo de eso va esto: de ser honestos), las únicas dos veces que he estado realmente cerca de atravesar esa especie de muro invisible que me separa de él, ha sido cuando oraba insistente, constante, y fervientemente por alcanzarle. Me recuerdo decirle varias veces: “voy a correr, y te voy a alcanzar; y cuando te alcance ¡no te pienso soltar! Y créanme que vi manifestaciones de su poder como nunca antes. Incluso, mientras oraba esto ¡realmente me ponía a correr en esa habitación en donde oraba!

¿Has experimentado esa desesperación por Él…?

No sé tú, pero mi corazón está ardiendo. No pienso irme de aquí (de esta tierra) hasta saber que, por lo menos, hice todo lo que estuvo en mi mano para conocer profundamente al Espíritu Santo, más allá de lo que me cuenten, más allá de los libros y predicaciones que pueda escuchar. Simplemente más allá de todo… 

Talvez mi experiencia no sea como la de Kathryn Kuhlman, ni como la de Benny Hinn, ni la de Freidzon, etc… pero será mí experiencia con Él. Así como también será tú historia con Él, si realmente estás desesperado por conocerle más, y más, y más…

Me edificaría mucho conocer tu experiencia. Sería especial saber que no soy la única que pasa por este sendero. Y sobre todo, me encantaría saber cuál es tu experiencia real con el Espíritu Santo, y si sientes ese mismo anhelo que yo. Y una vez que lo compartamos, creo que será el momento ideal para iniciar una búsqueda más profunda para conocerle… realmente.

—Lihem Ben Sayel.

Canciones:

Lucas-11-13

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amira.lihembensayel@gmail.com

Dios te bendiga.